Disfrutar bailando salsa con personas desconocidas

Con quien bailar salsa y con quien no

Una de las cosas que hacemos los novatos cuando estamos aprendiendo a bailar salsa, es sacar a bailar a todas las personas que nos encontremos en una sala de baile, una discoteca de salsa o cualquier bareto de mala muerte donde pongan música latina. Pero a todas, sin excepción. Avisando eso sí, que estás aprendiendo a bailar y que apenas saber hacer algunos movimientos muy básicos, pero que estás en esa tarea de aprender a bailar, para no llamar a engaños a quien acepte tu invitación a bailar.

Unas aceptan nuestro ofrecimiento y otras no, como los pimientos de padrón que unos pican y otros no, pero nosotros hacemos como los niños chicos que cuando quieren jugar van preguntando a todo el mundo si quieren jugar con ellos, hasta que dan con alguien que acepta su ofrecimiento y se pone a jugar, que es precisamente lo que ellos pretendían.

Es una medida muy eficaz sobre todo cuando comienzas a moverte en este mundillo de la salsa y aún no conoces a suficientes personas con las que bailar. Cuando ya llevas ese tiempo mínimo necesario, ya conoces a un montón de personas que están encantadas de bailar contigo y viceversa, y tienes y estás en una o varias listas negras de personas que no quieren bailar contigo o que tu no quieres bailar con ellas, por los motivos que sean. Suele pasar. No es ni malo ni bueno, pero suele pasar.

Con el tiempo te vuelves más delicado y llegas a extremos como el mío, en el que no bailo con personas tabaquistas. Me dan asco. Huelen mal. Y me da exactamente igual lo que los tabaquistas piensen de mi. Cuando peor lo llevo, es a la hora de hacer una rueda de casino.

Me la trae al pairo, como diría Reverte en el bar de Lola.